Gimme, gimme todo el poder, so I can come around to…

El poder no es lo que antes era, cada vez es más común encontrarnos con escenarios que nos los demuestran: la reciente escena política en Venezuela, las minorías extremistas causando desmanes en los territorios de grandes potencias, líderes religiosos que renuncian, un hombre de origen afroamericano en la presidencia de Estados Unidos y la eminente candidatura de Donald Trump, empresas que presumían solidez y hoy están en la quiebra…

Sin duda alguna son muchos lo ejemplos en los que nos podríamos detener a observar como el poder ha cambiado radicalmente, ¿coincidencia? No lo creo.

Para mi esto es simplemente un ingrediente más del cambio de era que estamos viviendo, de esto nos habla el Doctor por el MIT y director del Banco Mundial Moisés Naím en su libro  «El Fin del Poder», un hombre venezolano, lo cuál resulta hasta cierto punto paradójico ya que, a pesar de nacer en un país donde tan coartada se encuentra la libertad de expresión, nos regala una muestra excelente con su publicación de lo que él mismo llama las revoluciones del más, de la movilidad y de la mentalidad, con las cuales nos explica como el poder está cambiando. En lo personal lo que considero es el mensaje más valioso de su obra: como el poder está cada vez más al alcance de todos, esperando a nuevos actores, a nuevos líderes que sean capaces de afrontar con responsabilidad el reto que implica y que nos vayan guiando hacia un nuevo mundo, ese líder que estamos esperando podría ser cualquiera de nosotros, sin duda alguna el mundo hoy más que nunca está ávido de liderazgo y muy pocos dispuestos a afrontar la real responsabilidad que ello implica.

Para entender esto primero es necesario que nos pongamos de acuerdo en lo que el poder significa, el autor lo define como: la capacidad de imponer o impedir las acciones actuales o futuras de otras personas o grupos. La Real Academia de Lengua Española lo define como: tener expedita la facultad o potencia de hacer algo. Ambas definiciones nos llevan a la acción, ya sea como potenciador o como supresor, por lo que yo me aventuro a definir el poder como: el talento individual o colectivo que actúa como acelerador de la acción.

Existen varias formas de ejercer el poder:

  • La fuerza (coacción).
  • El código (obligación).
  • El mensaje (persuasión).
  • La recompensa (incentivo).

Si bien en la práctica, lo más frecuente es encontrarnos con mezclas de estos cuatro canales, valía la pena conocerlos para entender como juegan un papel importante en los cambios actuales. Uno de los temas interesantes el de las Barreras de Poder, las cuales eran o son barreras creadas por los entes poderosos para protegerse de la perdida del poder.

Durante años las barreras han protegido a organizaciones,  partidos políticos, ejércitos, iglesias, universidades, etc. a conservar su posición dominante con respecto a sus competidores. Sin embrago, poco a poco estas ancestrales barreras están cayendo, perdiendo fuerza o debilitándose cada vez más.

Durante el capitalismo un símbolo inminente de poder era el tamaño, este hacia mis fácil el poder y a la inversa, por lo que hablando de empresas, el tener una gran oficina en la zona corporativa más exclusiva del país era algo importante, el mensaje que se mandaba era importante, así como lo era el contar con estructuras burocráticas y perfectamente organizadas, contrario a lo que vivimos actualmente, donde cada vez más nos encontramos con empresas que nacen en las cocheras de jóvenes con talento (aunque suene mucho a cliché) a los que les importa más hacer algo con significado de sus vidas que tener la oficina más grande y con la mejor vista. Cómo te había dicho anteriormente, en este nuevo mundo, el del talentismo, triunfarán los más rápidos, no los más grandes, los grandes son lentos y se les dificultará moverse en este mundo tan cambiante y que tanto demanda flexibilidad y capacidad de adaptación, características que los más pequeños si tienen.

Pero hablando específicamente del poder, ¿Qué es lo que ha cambiado? ¿Por qué ahora los llamados micropoderes toman tanta importancia?

Sin duda alguna los avances tecnológicos han sido un factor, sumado al despertar colectivo de la humanidad, cambios en las formas de pensar de millones de personas alrededor del mundo, cambios que son llevados a la acción, que los vemos reflejados en decisiones de compra, en conductas, en decisiones sobre estilos de vida, en decisiones políticas, económicas y religiosas.

Moisés Naím nos dice que el poder está degradándose o al menos disminuyendo las barreras de estos debido a la gran cantidad de cambios que están ocurriendo en todos los ámbitos. Y para analizarlos detenidamente nos propone tres grandes categorías que el llama revoluciones: la revolución del mas , la revolución de la movilidad y la revolución de la mentalidad.

  • La revolución del más.

Cómo bien menciona Sergio Fernández, vivimos en una época de abundancia, hay más de todo. Más personas, más ciudades, más empresas, más bienes y servicios. Incluso, contrario a lo que se pensaría hay más crecimiento económico del que los periódicos quieren que sepas que hay, una clase media mundial se hace cada vez más y más numerosa.

Esto en gran parte debido al aumento del trabajo, del alimento, las vacunas, todo lo que genera una mayor calidad de vida para las personas, las necesitas básicas de un mayor numero de personas están siendo satisfechas cada vez mejor que nunca, aunque quieran hacernos creer que no es así.

La clave en todo esto, como nos dice el autor es la siguiente: cuando las personas son más numerosas y viven vidas más plenas, se vuelven más difíciles de regular, dominar y controlar.

La tarea de gobernar, organizar, movilizar, influir, persuadir, disciplinar o reprimir a un gran numero de personas con mejor nivel de vida necesita métodos diferentes a los que servían en el caso de una comunidad más pequeña, estancada y con menos recursos individuales y colectivos a su disposición.

  • La revolución de la movilidad.

Nos movemos más que nunca, bastaría con preguntarle a tus papás el número de ciudades, países o incluso continentes que conoce, para darte cuenta que a tu edad quizás ya lo hayas superado por mucho, la misma revolución del más, hace que todo se vuelva más sencillo, incluso el moverse por el mundo, un viaje que antes era impensable hoy se hace en apenas cuestión de horas.

Estamos viviendo el mayor desplazamiento de gente de la historia, si los emigrantes fueran un país, sería el quinto más poblado del mundo. Esto acarrea dos consecuencias, la primera es que la movilidad de la gente hace que sea más difícil controlarla y la segunda radica en el hecho de que los emigrantes llegan y en cierta forma transforman las empresas, religiones, y culturas de sus nuevos países.

Además de la movilidad de las zonas rurales a la ciudad, la cual implica que desde 2007 por primera vez en la historia hay más personas viviendo en zonas urbanas que en rurales, existen también nuevas formas de movilidad: la circulación de cerebros, la movilidad del dinero y la de la información.

El autor concluye que cuando las fronteras se vuelven porosas y la población controlada es más móvil, a las organizaciones establecidas se les complica mantener su dominio.

  • La revolución de la mentalidad.

Ambas revoluciones anteriores han potenciado la expansión de una clase media creciente, cada vez más grande y más consciente de que las oportunidades que existen en el mundo, más consciente de que otras personas al otro lado del mundo están disfrutando comodidades que ellos no tienen, ahora se ven las cosas de forma distinta, día día a lo largo del mundo hay personas que trabajan, se movilizan, protestan y que, de una u otra forma, expresan su inconformidad, esta nueva forma de ver las cosas, este cambio en la mentalidad, afecta la poder.

Globalización, urbanización, cambios en la estructura familiar, la aparición de nuevos sectores y oportunidades, la extensión del inglés como idioma mundial, y muchas más son los factores que han visto afectaciones por la revolución de la mentalidad, pero sin dudarlo en nuestros valores, criterios y normas es donde el mayor efecto de la revolución se percibe.

En la India, gracias a los call-centers, cada vez más y más mujeres se están incorporando al a vida laboral, cumpliendo metas «no tradicionales», postergando cada vez más el matrimonio y los hijos, incluso en sociedades consideradas muy conservadoras, hoy vemos elevarse las tasas de divorcio, en Arabia Saudita, por ejemplo, se tuvo un incremento del 20%, en Kuwait del 37%, ademas se observa que el incremento en la tasa de divorcios se ve incrementado en aquellos matrimonios en los que ambos tiene un título universitario, la revolución del más haciendo de las suyas una vez más, ahora es más fácil para las mujeres tener acceso a la educación, lo cual ha venido a revolucionar nuestra sociedad.

Sin duda alguna los humanos no pensamos actualmente como pensaban nuestros antecesores, en algunos países como el nuestro, aún es frecuente que padres e hijos tengan largas discusiones o descontentos derivadas de esta revolución de la mentalidad, lo que para un millenial puede ser lo más normal del mundo, para sus antecesores es una locura, aun se juzga a estas personas de locas, fuera de realidad, desbocadas, etc.

«Las pequeñas empresas son hoy capaces de capturar en sus zonas geográficas una cuota de mercado suficientes para que haya más competencia en mercados que antes estaban controlados por unas pocas empresas grandes».

-Moisés Naím.

Estas tres revoluciones están afectando a todo nuestro entorno, modificando lo que hacemos en nuestro día a día, nuestras decisiones de compra, nuestro estilo de vida. Cada uno de nosotros al levantarnos por la mañana tenemos en nuestras manos diferentes formas de micropoder, al desayunar por la mañana eliges darle poder o quitárselo a la empresa en la cual compras tu café camino a tu trabajo, trabajo en el cual vuelves a ejercer tu poder, al elegir poner tu talento al servicio de una empresa y no de otra, la empoderas.

Vale la pena hacer un alto en el camino aquí para preguntarnos si las decisiones que estamos tomando día a día nos acercan a nuestra idea de un mundo mejor, si la empresa a la cual aportar la mayoría de las horas de tu día es una empresa con la que sientes simpatía, con la que coincides en valores, en objetivos, en filosofías… Por incongruente que suene podemos encontrarnos con personas que se dicen amantes de los animales y que pasan 8 o más horas al día trabajando para una empresa que da un trato indigno a los animales, convirtiéndolos en meros productos y desvirtuando toda su naturaleza. Tal vez el ejemplo es muy extremo, pero vale la pena que te preguntes al menos cada cierto tiempo si la empresa o tu proyecto independiente aportan valor a este mundo y si tiene congruencia con tu escala de valores, gran parte de la felicidad o infelicidad con la que te levantes todos los días dependerá de esto.

Poder, innumerables guerras se han suscitado y miles de vidas se han perdido en su búsqueda, y ahora así como si nada, nos damos cuenta que hoy más que nunca, el poder es algo que está en nuestras manos, que, aunque algunas veces no nos demos cuenta, la más mínima decisión que tomemos da poder o lo quita, la invitación que les hago es a observar de manera consciente hacia donde estamos dirigiendo nuestro poder, sentarnos en la butaca del observador y evaluar desde una perspectiva totalmente externa nuestras decisiones, iniciando por evaluar si los productos o servicios que consumes son empresas a las cuales quieres darles más poder y en un segundo termino evaluando si nuestro trabajo, independiente o en alguna empresa, si todo ese esfuerzo que realizamos día a día realmente lo quieres dirigir en esa dirección.

«Pasamos más tiempo trabajando que haciendo cualquier otra cosa. No resulta lógico que el trabajo resulte una experiencia desmotadora y poco humana».

– Lazlo Bock, Vicepresidente Senior de Gestión de Personas de Google.

El poder ya no es lo que era antes, está en nuestras manos remodelar el mundo en el que vivimos.

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